SER JUEZ
La vida nos permite vivir, ver, estar, sentir, vibrar, buscar, acariciar, padecer, amar, nos toca descubrirnos en un mundo donde las experiencias están llenas de vivencias gratas y otras no tan agradables. Hay momentos no tan acertados en nuestras vidas y como cuesta salir de un delicado y extreme siente epicentro esos que te sacuden y te quitan de lugares a los que ya no perteneces… pero a veces necesitamos un poquito de ese fuerte sacudón que nos hace abrir los ojos, nos permite ver con claridad el estado de ánimo y el lugar donde estamos pisando. La vida se vuelve en algún momento como una ruleta suertes para unos y caídas para otros… pero no importa en qué tiempo se dan ambas, lo que sí es seguro que llega y de alguna u otra manera a todos nos toca presenciar y vivenciar ese tiempo… Con la misma fuerza que es lanzada la piedra… Con esa misma fuerza será regresada… les platico que a cada uno de nosotros nos toca ser juez de nuestro propio destino…, sin mirar a los lados, los momentos marcan tiempos con compases diferentes que se abren como grandes abanicos con infinitas oportunidades, el aprender a medir un tiempo dentro de un momento determinado en tu vida es como buscar una agua en un pajal… es el tiempo del juez justo, el que te perdona o te condena al mismo tiempo…, el juez de tu mismo proceder, donde tus pensamientos y acciones los convierten en poderes reales.
La vida se encarga de darte las herramientas y conocimientos para emprender tu destino… Si es así, de nuestras actuaciones depende lo que queremos logran y donde nos queremos ver, el ser juez implica cuestionarse así mimo, tener la capacidad de ver tus propios errores, de confesarse y retribuirse de los actos realizados en nuestro caminar. Es importante ser juez de nuestro propio sentir. A veces nos envolvemos en paños tibios de mezquindad donde el actuar de nuestros pensamientos lo arropa ese sentimiento de impureza que a lo largo nos muestra lo miserable que podemos ser con nosotros mismos. Hay que introvertirse en nuestro profundo ser donde nos conseguimos con partículas de emociones y sentimientos que llena nuestro espíritu, y de ahí sabremos de lo que estamos hecho… el ser juez nos muestra que podemos ser críticos en la forma de expresarnos, de vivir, de compartir, de juzgarnos solamente con la manera de auto evaluarnos sin hacernos tanto daño, esos pensamientos que pueden ser flexibles o muy rígidos. El juicio que nos hagamos no puede ser tan cebero porque no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo, seria castigarnos y ya, si así es, no somos perfectos, crecemos desenvolviéndonos en las pruebas del ensayo y el error, nos permite formarnos como personas de ahí la esencia de la personalidad del ser “agradable o rechazable”, para con nosotros mismos, si así es, todos no somos también aceptados, imaginemos por un instante una actitud que tenga un grado de miserabilidad en nuestros pensamientos y aun peor que expresemos ese sentir nos hace una persona egoísta, eso nos lleva a ser desechables, antes la espiritualidad del ser, aunque no lo veamos de esa manera, el “ NO”, permitirnos hacer o cambiar una acción que está mal nos condenaría por siempre a ser aquella misma persona que se negó su tiempo, NO se detuvo por un segundo a mirarse hacia dentro.
“Hay tantos por fuera queriendo ser jueces y jurados en un mismo tiempo señalando a otros… sus veredictos y condenas son como arena que se tira en saco roto”…
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